En un lugar de la República Checa, de cuyo nombre no puedo pronunciar se halla una hermosa ciudad que me tocó el alma. Salimos desde Barcelona rumbo a Praga. Allí nos esperaba Lucía que nos guiaría a esta ciudad medieval. Está a tan solo dos horas de Praga con lo que decidí visitarla, ya que mucho me habían hablado de esta ciudad de típica de cuentos de hadas. Parecía un niño mirando por la ventada. ¡Qué hermosos eran los campos que me acompañaban durante todo el viaje!

Cesky Krumlov. Vista General ©Alvaro Laforet

Lucía me contó que Cesky Krumlov está ubicada en la región de Bohemia forma parte del Patrimonio de la Humanidad desde 1992. En la Edad Media, fue una ciudad muy importante por el comercio, pero en el siglo XVIII fue dejando de tener esa influencia. Gracias a ello, la ciudad no se desarrolló arquitectónicamente como otras poblaciones, con lo que se mantuvo como en la era medieval. Sus calles empedradas me trasladaban a otra época. Me embobaba viendo los edificios góticos que en otro tiempo fue la antigua capital de la región de la rosa de cinco pétalos de los Rosenberg, una de las familias nobles más poderosas de la zona antes de sucederles la Dinastía de los Austrias.

Toda la ciudad es sí misma era un auténtico espectáculo. Me sorprendió la magnitud del castillo de Cesky Krumlov. No sabía que era el segundo más grande de la república checa. En su interior se construyó la iglesia de San Vito que data del siglo XV y un jardín rococó de gran belleza. Me pareció muy curioso ver que las paredes de la muralla estaban pintadas.

Cesky Krumlov by Night ©Alvaro Laforet

En el interior de esta fortaleza, pude visitar una de las joyas más preciadas de la ciudad, el Teatro del Castillo. El teatro fue construido entre 1680 y 1682 por el príncipe Johann Christian I von Eggenberg. Su maquinaria escénica fue renovada en el siglo XVIII y ha quedado intacta hasta la actualidad. Solo usa tres veces al año debido a su antigüedad. No tuve la oportunidad de coincidir con la puesta en acción con lo que me dio pie a pensar en un segundo viaje a esta ciudad. Lucía me dijo que es un espectáculo fascinante, digno de ver.

En primavera y verano son las mejores épocas para visitar la ciudad. Las calles están repletas de flores que visten Cesky Krumlov. Es un lugar muy romántico con lo que decidí sentir el romanticismo, embarcando en una de las típicas barcas y contemplar las maravillosas casas multicolor del curioso meandro del río Moldava.

Cesky Krumlov. Desde el el río ©Alvaro Laforet

La gastronomía de la zona de Bohemia es muy variada. Soy de buen comer con lo que disfrutaba enormemente de los platos locales. Si hay algo especialmente que me llamó la atención fueron los “dumplings”, rebanadas de trozos de pan, patata y harina. Una propuesta energética para mantener el cuerpo caliente en el frío invierno.

Me quedo con dos restaurantes que me llegaron al estómago. El U Dwau Maryí tenía una carta tradicional con precios muy correctos. Lo que más me gustó del restaurante era que comía en un edificio del 1585 ¿No se te ponen los pelos de punta?

El segundo restaurante que cené se llamaba Barbakan. Está en la calle Kaplická. Es un lugar me encantó porque sirven comida tradicional en un ambiente desenfadado. Es un local frecuentado por checos según me dijo Lucía.

Más información

Turismo de la República Checa https://www.czechtourism.com/

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